09 enero 2008

Namasté

Nueve horas deambulando por el gigantesco aeropuerto de Heathrow más un vuelo de siete horas y media clavado en el asiento no me impidien que llegue con ganas a la capital de la India, Nueva Delhi.
Cuando el 747-400 de British Airways se dirige hacia la terminal puedo contemplar las obras de ampliación –o lo que sea- que están llevando a cabo en el Indira Ghandi Airport, y se me antojan enormes, proporcionales al gigantesco país que es India.
Nada más bajar del avión, y antes de pasar un control aeroportuario de risa, me dirijo al lavabo para evacuar todo el líquido ingerido en las últimas ocho horas. La verdad es que resulta reconfortante mear en una recién estrenada taza de Roca. Se les habrá acabado eso de invertir en España, pero en la India todo es empezar.
Una vez pasado el control franqueo la puerta que da al hall, donde decenas de turbantes con barbas que sostienen en pizarras improvisadas nombres que no son el mío. Salgo de la terminal al tiempo que un presunto ladrón (a juzgar de los gritos y empujones que le da un joven policía con un inmaculado bigote negro) y me encuentro inmerso en la jungla. Ruido, suciedad, y olores penetrantes. Bienvenido a la India, pienso a mis adentro.
Aconsejado por mi nueva jefa tomo un Prepaid Taxi, un servicio transparente y barato de transporte, y me dirijo hacia la sede que tiene Efe en Nueva Delhi, concretamente al barrio de Jor Bagh. El camino es tortuoso pero gracias al novedoso paisaje se me pasa volando. Durante la hora de trayecto, por una autovía primero y callejeando después, el conductor sortea con acierto aunque retando siempre a la colisión numerosas bicis, coches, rickshaws, viandantes, cojos y animales variados. Los carriles estampados en un pavimento irregular sirven, honestamente, sólo de decoración. Aparte del caótico pero regulado tráfico y de la polvareda que levantan los vehículos constantemente, hay otra cosa que me llama mucho la atención: la multitud de personas que deambulaban en tierra de nadie, por aceras, campos, carreteras, sentados en los arcenes…gente sin rumbo. Aunque la infernal sinfonía de cláxones que reina en la ciudad a todas horas me abstrae de todo pensamiento.
Me sorprende, sin embargo, que aunque en esta estampa gobierne el caos, el desorden, la suciedad, el polvo y la fetidez, todos aquellos hombres que por motivo de trabajo llevan uniforme –miembros del ejército, reguladores de tráfico, vigilantes etc.- lo hacen de una manera impecable: limpios, planchados y ajustados al milímetro.
Poco antes de llegar a la oficina el taxista me coge desprevenido y me obliga a bajar del vehículo en una gasolinera en la que paramos a repostar. Me tranquiliza ver a más clientes de otros taxistas en la misma situación, esperando de pie a su chóferes. Ya en la delegación, modesta pero apañada, conozco a los que serán mis compañeros durante el próximo año.
Y sin tiempo ni para descansar cinco minutos me hago acompañar por el chófer con el que cuenta la delegación a ver la casa que tenía acordada desde España. Shiw, un joven de 25 años y aparentemente reservado se casará en breve.
Al llegar a New Friends Colony (el nombre de la urbanización en la que viviré), me recibe la señora Tamil, con la que mantengo una conversación cordial. Es una mujer de unos 70 años, afable y misteriosa. Su padre, que aparece retratado junto a Gandhi (Mahatma, que no Indira) en un cuadro que cuelga del amplio comedor fue un luchador por las libertades, o eso defiende ella. Aunque eso no le impide subirme el precio del alquiler de una manera bárbara. Tras enseñarme lo que será mi nuevo apartamento, enorme por cierto, nos despedimos con un Namashkar.
El último viaje entre bicis, rickshaws y peatones suicidas me acerca al ático que mi buen amigo Agus (y eso que aún no lo conozco en persona pues está en Pakistán cubriendo las elecciones) tiene en Nizamuddin East. Otra “urbanización” cerrada, aislada del mundanal ruido y con coches más que decentes aparcados delante de las casas. Esos sí, las calles apenas están asfaltadas.
Dejo la maleta, me estiro por primera vez en una cama tras casi 30 horas de viaje y me relajo. No puedo dormir. Me conecto a internet (le he tomado confianza a este chico que sin apenas conocerlo ya me ha dado de todo) y leo algo. Por la noche quedo con Marta, una chica de Barcelona que hace una semana que llegó a Delhi y que antes estuvo en la delegación de El Cairo. Un par tiene la moza.
Quedamos en Kahn Market, aunque el conductor del primer rickshaw que tomo me tima y me deja en otro lado. Tirado. Es oscuro y por las calles sólo se ven sombras. Algunos cuerpos estirados y otros arremolinados entorno a pequeñas hogueras. Sí, estoy en el centro de Delhi. Ando un poco y la llamo. Me dice que lleva más de 20 minutos esperándome donde habíamos quedado, delante del City Bank. Descubro entonces que no es el mismo City que tengo a mis espaldas. Cojo otro rick y con la práctica del regateo (ejercicio que, a diferencia de mi madre, odio) me sale mucho más barato. En diez minutos me planto en el sitio correcto. Entramos en un bar bastante moderno y tomamos un par de sándwiches bien grandes. Charlamos un poco y nos despedimos en la calle. Gentilmente le dejo que coja el ricky que está libre. Yo espero en la oscuridad de la noche a que aparezcan más. El primero que para me pide 60 rupias. ¡Qué robo! Es mi primer día pero ya sé que me está estafando. Como es tarde y ando algo cansado al segundo que se para le acepto 40 como moneda de cambio.
Surco las calles de la ciudad ahora vacía. Una brisa bastante fría se cuela por los laterales del vehículo y me tengo que proteger el cuello. Llegamos a la urbanización. Hay un vigilante acompañado de tres o cuatro…¿amigos? Mira la parte posterior del vehículo, donde estoy sentado yo, y, antes de que abra la boca para explicarle que vivo aquí temporalmente, ya está levantando la barrera. Al traspasarla –la ponen sólo de noche- subo los tres pisos de rigor y me cuelo en casa.
Me conecto de nuevo a internet. Gracias a Skype, que con toda probabilidad salvará mi vida social de Barcelona durante este año, hablo con mi familia y con ella. Me acuesto e intento dormir. Pese al cansancio y el trote de todo el día no lo consigo. No ayuda que los coches sigan pitando sin motivo mientras circulan por las calles ni que los trenes que pasan cerca se apunten al concierto de bocinas. Luego son unos cuervos los que me la juran. Y sobre todo mi cabeza, que se encuentra más en la calle Borrell que en B-10 de Nizamuddin East.
Finalmente el sueño gana la partida y me adormezco enroscado a la manta.

5 comentarios:

OvV dijo...

Filibarquí! És un plaer encetar aquest refundat blog i poder llegir les teves ventures pel país de l'Apu i el cricket...
Em va fer molta il·lusió que xerréssim via Skype i veure't en pantalla. Et vaig veure un pèl decaigut, cosa a la que no ens tens acostumats...però sé perfectament que en quatre dies (reals) començaràs a prendre el polç a aquest lloc...
una abraçada enorme i escriu!!!
Òscar

Kleine Princess dijo...

GORDI!!!! finalment no ens vàrem poder despedir!! quina tristor!!
bé, que sàpigues que seguiré les teves aventures per Nova Delhi..Però una cosa, ens has d'enviar una foto, la més actual que tinguis, i al cap de l'any, una altra...a veure el antes i el después...jusjusjus!! Quin és el teu nick del Skype??? Cuida't moltíssim i no deixis que et timin: a Itàlia precisament vas aprendre a moltíssim, no?? La Índia és pitjor???
Un petó ben ben gran, t'estima la Kleine Princess

Pit dijo...

Aaaah..., parlant amb un company de feina de vacunes i històries vàries relacionades amb el fet de marxar a països exòtics, hem parlat del Lariam... I he recordat -i m'ha recordat- que trastoca una mica mentre el prens. Si estàs més xafadot..., ara ja saps a què es deu! A veure si quan acabis de prendre'l em fots la patada al cul... ;-)

Anónimo dijo...

Dani! estic segura que aquest viatge t'omplirà moltissim!
Em fa molta il·lusió saber de tu. Molts ànims que comences a fer realitat la teva millor aventura. Només et demanaria que no deixis d'escriure...

Ets un home valent, wally.

Una abraçada molt forta. Namasté

Dídac dijo...

Ei Dani, collons quina parrafada, però almenys està ben escrit!
Que tinguis molta sort en aquesta aventura, prometo que provaré d'afegir-me a la moda Skype així algun dia podem xerrar.

Una abraçada ben forta!