A diferencia del protagonista de esta película, no he tenido que cortarme el brazo, aunque el viaje hasta Manaos también ha sido una odisea. Salí de casa a las 4:30 am, cuando mamá y Patri me pasaron a recoger para ir al aeropuerto. Tuve algo de miedo al facturar en el primer vuelo, ya que había leído en algunos foros de internet que sin el billete de vuelta podría ser que no me dejaran tomar el primer avión (http://www.324.cat/noticia/1374906/catalunya/Tres-turistes-catalans-son-deportats-del-Brasil-per-un-conflicte-entre-les-autoritats-brasileres-i-espanyoles). Patri, por si acaso, me falsificó un billete de vuelta, un recurso que no tuve que usar (y mejor así, es por todos conocidos mi nula capacidad de mentir).
Llegamos a Frankfurt cuando tendría que estar embarcando para el vuelo a Salvador de Bahía, un primer contratiempo que me hizo plantear si no era una buena opción para empezar a comerme las uñas. Por suerte, y a pesar de mi lamentable estado físico actual, corrí medio aeropuerto -recordemos que el de Frankfurt es algo más grande que el de León-, y llegué a tiempo antes de que cerraran la puerta de embarque. El viaje hasta Brasil fue bien. Me tocó ventana y no tenía vecino de asiento, así que me pude espachurrar de mil maneras y dormir el 80% del trayecto. Casualmente abría los ojos cuando las azafatas repartían comida, y eso se repitió como tres o cuatro veces. En el avión empecé a oír hablar portugués, aunque dependiendo de la persona se entendía más o menos. Viajaban también los clásicos niños de tres años que se pasan medio vuelo llorando y el otro medio corriendo por los pasillos. Una delicia. La llegada a Salvador me impresionó, para que negarlo. Es una ciudad que da al mar y muy extensa. Sobrevolamos una zona de edificios altos, al estilo Benidorm, y luego otra más vasta de casuchas que desde el cielo me parecieron favelas. Después de pasar la aduana rezando a todos los santos que conozco (algunos pasajeros tuvieron problemas con los agentes) me tocó esperar un par de horas más para ir a Sao Paulo. Lo primero que me sorprendió fueron los carteles dirigidos a los turistas que vi en las columnas. En uno se veía un hombre occidental en prisión, y advertía de que Brasil no es un buen sitio para hacer turismo sexual. Uno de los patrocinadores de dicho anuncio era McDonald’s. Ahí es nada. Y el otro cartel amenazaba a los turistas y nacionales que pretendieran traficar con animales. Dime de qué adviertes y te diré qué sufres…
El vuelo a Sao Paulo lo cogí a las 19:40 hora local (medía noche en España), e iba medio vacío. La mayoría de pasajeros eran blancos, aunque también había mestizos y negros (ríete tú de la multiculturalidad de los USA) y todos vestían a la moda. Esto lo digo porque contrastó radicalmente con el último vuelo, el que me enlazó de milagro con Manaos. Este último tramo lo hice en un avión muy trillado y rodeado de gente 100% amazónica, o eso me pareció. La tez oscura y la ropa que llevaban (que estuvo de moda en los años ’80) nada tenía que ver con sus compatriotas que me acompañaron de Salvador a Sao Paulo.
Fue una lástima que empezara a hablar con alguien cuando ya llevaba casi 24 horas de viaje. La afortunada se llamaba Bernadette, y el nombre era lo único moderno de toda ella. En tres minutos me explicó que tenía 47 años, dos hijos y dos nietos. Lo de los nietos me lo confesó cuando la vi coger unos 12 caramelos da la bandeja que ofreció la azafata a medio vuelo. Era simpática y la verdad es que se conservaba bastante bien, aunque no disimulaba en exceso cuando se hurgaba la nariz o se intentaba quitar un trozo de carne de entre los dientes. Durante la conversación me di cuenta de que no me hubiera costado nada aprender un poco del idioma antes de venir, las cosas hubieran sido mucho más fáciles (ya me estoy poniendo las pilas).
Me quité las gafas y recliné el asiento para indicar que nuestra conversación había terminado. Dormí hasta que el piloto indicó que descendíamos al aeropuerto de Manaos. Por la ventana vi como una mancha muy grande de luces ocres contrastaban con la oscuridad de la selva y la del Amazonas, que a este paso ya tiene una anchura de miedo. Al llegar a tierra llamé a Balark, el brasileño que me ofreció sofá por couchsurfing. Me supo mal llamarle a esas horas ya que eran las 2 am hora local, pero en sus correos me indicó que no había problema. Tomé un taxi, y después de perdernos por el barrio de Balark conseguimos llegar a su casa. Tal y como pasa en la India, aquí en Manaos la gente de bien vive en altos bloques rodeados de muros y con guardián en una garita en la entrada. Llegué a su apartamento sobre las 3 am y me lo encontré, evidentemente, soñoliento. Hablamos cinco minutos, me ofreció un vaso de agua y me indicó cuál era mi cuarto: ¡una habitación con tv, aire acondicionado y baño propio! ¡Eso sí que fue llegar y besar el santo! Pasadas unas 27 horas desde que salí de casa me acosté, por fin, en la cama.
Hoy me he levantado sobre las 10. Me duché, vestí y comí unas galletas que me sobraron del viaje. Salí de la habitación y al llegar a la cocina vi a la señora de la limpieza de Balark, una mujer de Santarem cuyo nombre he olvidado por completo. Me había preparado un desayuno de campeonato con café; leche; cereales; mantequilla; tostadas; queso fresco etc. El apartamento es muy bonito, tiene muchas habitaciones, un par de comedores, cuatro sofás y unas vistas espectaculares sobre Manaos. El anfitrión parece tener buen gusto, a tenor de las esculturas, los cuadros y la música que veo por doquier. Vive con Tulio, un dentista de Minhas que es encantador. Desconozco su relación.
Hacia mediodía ha llegado Tulio, muy elegante vestido todo de blanco. Hemos estado hablando de su vida; de Brasil y su condición de país “eternamente emergente”; de Lula, Dilma y el PT y de Manaos. Es un tipo encantador, educado y culto. Más tarde ha llegado Balark, que es algo más tímido pero extremadamente sensible, y hemos comido los tres. Carne; feijoa; huevo; arroz y para beber un zumo de una fruta amazónica muy ácida. El café, muy bueno. Hemos charlado de la historia del país y de las bondades de couchsurfing. Balark tiene amplios conocimientos de historia, y me ha explicado cómo hasta hace pocos años Brasil vivía de espaldas a Sudamérica. Por suerte parece que la situación está cambiando y el gigante se está reconciliando con los países de habla hispana. Por la tarde antes de ir a su trabajo me ha acompañado a una agencia que organiza viajes al Amazonas: Antonio’s Jungle. El nombre no está muy currado, espero que se haya rebañado los sesos en lo que realmente importa: que el guiri en cuestión aprecie la selva en todas sus dimensiones. Me han explicado en qué consiste la salida y finalmente me he decidido a comprar el pack. Sé que es una turistada, pero creo que toca pasar por el aro, como cuando vas al Perito Moreno o subes al Machu Picchu. Después de soltar los primeros billetes del viaje me he ido a pasear por Manaos. He podido comprobar que el calor es asfixiante y que no hay una calle limpia y sin baches. Los minusválidos aquí deben practicar trial para moverse de un sitio a otro. Sé que no conozco bien la ciudad, pero me parece, a primera vista, fea con ganas. No hay apenas atractivos arquitectónicos, humanos o paisajísticos. Lo poco que se salva es un teatro barroco de 1899 que se construyó durante la fiebre del caucho; una época en que Manaos era una ciudad próspera y rica (¡el primer lugar de Brasil que tuvo electricidad!). Tras la visita guiada que nos hizo una chica a una pareja de americanos y a mí (que consistió en leer lo que ponía las placas de cada estancia), volví a casa.
Más tarde hicieron acto de presencia Tulio y Balark, y cenamos diferentes bollos y frutas tropicales. Cerca de tres horas estuvimos hablando de Brasil; de su historia; de Europa; de la relación de Brasil con los demás países etc. Fue una velada para enmarcar, y una clase magistral de política e historia brasilera que necesitaba antes de empezar a conocer el país. Sé que ni todos los huéspedes serán así ni que todos los brasileños tienen tanta cultura y predisposición, pero si el creador de couchsurfing estaba pensado en alguien cuando montó la página web es en Balark.
Bueno, después de este rollo que acabo de meter me voy a dormir. Es tarde y mañana tengo que estar a las 7 am en la rodaviaria (estación de buses). Me esperan tres días y dos noches sin lavabo y con muchos mosquitos. El lunes (o segunda feria, como dicen aquí) ya os contaré cómo ha ido todo y colgaré las fotos pertinentes.
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16 septiembre 2011
27 horas
Etiquetes de comentaris:
Brasil,
Couchsurfing,
Manaos
Ubicació:
Manaos - Amazonas, Brasil
13 septiembre 2011
El Amazonas en cifras
Nunca he sido de una persona de cifras. Aprobé Matemáticas siempre por los pelos en el instituto, y ya en la universidad asignaturas como Estadística o Probabilidad se convirtieron en mis bestias negras. Por todo ello, ya desde un buen inicio me refugié en las letras, un mundo que tampoco domino como me gustaría pero que me parece más relativo; un campo en el que lo tienes que hacer muy mal para destacar negativamente. Aunque no me gusten los números, reconozco que no solo son necesarios en el quehacer diario, sino que también ilustran a un lector /oyente acerca de un paraje, empresa o suceso histórico. Tanto o más que una buena descripción o una fotografía.
Todo esto lo digo en relación a la primera entrada que escribiré en este blog sobre un lugar de Sudamérica, unas coordenadas en las que en pocas horas (si no pierdo ninguna conexión aérea) me plantaré: el Amazonas.
Como aún no me asomado a la orilla de este mar fluvial sólo puedo hablar de él por lo que he leído, y reconozco que pocos sitios me han impresionado tanto; ahora espero que la realidad no me defraude. Sabía, como todo el mundo, que el Amazonas es el río más caudaloso del planeta, pero desconocía que aporta cerca del 20% del agua dulce que reciben todos los mares y océanos. Tampoco sabía que entre todos sus afluentes -más de mil- suman aproximadamente 40.000 kilómetros de vías fluviales o que cien millas adentro de la costa atlántica aún se puede encontrar agua dulce. La columna fluvial del continente (la vertebral son los Andes) nace en Perú y muere 6.800 kilómetros más tarde en el Atlántico, después de atravesar nueve países: Brasil; Bolivia; Perú; Ecuador; Colombia; Venezuela; Guayana; Guayana Francesa y Surinam. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, vierte unos 226.000 metros cúbicos de agua por segundo. ¿Es mucho? Pues creo que sí, teniendo en cuenta que es cinco veces superior al río Congo (el segundo más caudaloso del mundo) y sobre todo comparándolo con los escasos 500 m3 que suelta el Ebro cuando llega al Mediterráneo. El ancho de su desembocadura supera los 300 km de longitud, y a su paso por Santarem, por ejemplo, tiene una anchura de “sólo” 16 km. Cuando el Amazonas muere en el Atlántico se topa con una isla del tamaño de Dinamarca. Se llama Marajó, y los habitantes del lugar cabalgan sobre bueyes. ¿Casualidad que se halle una isla de tal tamaño en ese lugar? No, es el producto de miles de sedimentos arrojados a lo largo de miles de años por el Amazonas.
Pero si estas apabullantes cifras no impresionan, permitirme que ejemplifique la majestuosidad del Amazonas con un fenómeno no numérico. Cerca de Manaus, la capital brasileña de la región, se produce el Encontro das aguas; es decir, confluyen el río Negro (un afluente) con el Solimões (que es como llaman en Brasil al Amazonas en ese punto). Resulta que el río Negro tiene una velocidad de 2 km/h y una temperatura de 22º, mientras que el Solimões fluye a 5 km/h y su temperatura es de 28º. La consecuencia de todo ello es que ambos ríos corren de lado durante más de 6 km sin mezclarse, lo que provoca que los peces se atonten y los delfines tengan un festín asegurado.
Y antes de acabar, un poco de etimología. El origen del nombre es, como sucede habitualmente, confuso. Una versión afirma que fue Francisco de Orellana quien después de enfrentar-se a una tribu en la que se defendían tanto hombres como mujeres bautizó con el nombre de Amazonas (mito griego de las guerreras) este río. A modo de anécdota, he leído también que no es que las mujeres de dicha tribu fueran tan feroces, sino que algunos de sus miembros eran hombres imberbes que parecían mujeres. La otra versión del origen del nombre de Amazonas es que una tribu, los mayaroara, le llamaban así (sonaba de esta manera a oídos de los españoles conquistadores), y así se quedó. Por cierto, según wikipedia en indígena Amazonas significaba “Rompedor de embarcaciones”. La verdad es que ambos orígenes me parecen inverosímiles, así que intentaré descubrir la versión verdadera ya sobre el terreno.
Después de mitificar el Amazonas dejarme que desmitifique un personaje histórico: el Che. Los que hayan visto Diarios de motocicleta recordarán que cruzó a nado el río para celebrar su cumpleaños con unos leprosos residentes en un hospital. Pues según he podido leer no cruzó a nado el Amazonas. Sí que lo hizo en cambio un esloveno, Martin Strel, que además se atrevió a nadar más de 5.000 km de este río guerrero.
A parte de Diarios de motocicleta, una buena película que permite descubrir lo que debe ser el Amazonas en su curso medio es “Aguirre o la cólera de Dios”, de Werner Herzog.
Pd. Algunos de estos datos los he extraído de un magnífico reportaje escrito por Josep María Bernadas para la revista Altaïr número 63 dedicada al Amazonas.
Fotos: wikipedia
Todo esto lo digo en relación a la primera entrada que escribiré en este blog sobre un lugar de Sudamérica, unas coordenadas en las que en pocas horas (si no pierdo ninguna conexión aérea) me plantaré: el Amazonas.
Como aún no me asomado a la orilla de este mar fluvial sólo puedo hablar de él por lo que he leído, y reconozco que pocos sitios me han impresionado tanto; ahora espero que la realidad no me defraude. Sabía, como todo el mundo, que el Amazonas es el río más caudaloso del planeta, pero desconocía que aporta cerca del 20% del agua dulce que reciben todos los mares y océanos. Tampoco sabía que entre todos sus afluentes -más de mil- suman aproximadamente 40.000 kilómetros de vías fluviales o que cien millas adentro de la costa atlántica aún se puede encontrar agua dulce. La columna fluvial del continente (la vertebral son los Andes) nace en Perú y muere 6.800 kilómetros más tarde en el Atlántico, después de atravesar nueve países: Brasil; Bolivia; Perú; Ecuador; Colombia; Venezuela; Guayana; Guayana Francesa y Surinam. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, vierte unos 226.000 metros cúbicos de agua por segundo. ¿Es mucho? Pues creo que sí, teniendo en cuenta que es cinco veces superior al río Congo (el segundo más caudaloso del mundo) y sobre todo comparándolo con los escasos 500 m3 que suelta el Ebro cuando llega al Mediterráneo. El ancho de su desembocadura supera los 300 km de longitud, y a su paso por Santarem, por ejemplo, tiene una anchura de “sólo” 16 km. Cuando el Amazonas muere en el Atlántico se topa con una isla del tamaño de Dinamarca. Se llama Marajó, y los habitantes del lugar cabalgan sobre bueyes. ¿Casualidad que se halle una isla de tal tamaño en ese lugar? No, es el producto de miles de sedimentos arrojados a lo largo de miles de años por el Amazonas.
Pero si estas apabullantes cifras no impresionan, permitirme que ejemplifique la majestuosidad del Amazonas con un fenómeno no numérico. Cerca de Manaus, la capital brasileña de la región, se produce el Encontro das aguas; es decir, confluyen el río Negro (un afluente) con el Solimões (que es como llaman en Brasil al Amazonas en ese punto). Resulta que el río Negro tiene una velocidad de 2 km/h y una temperatura de 22º, mientras que el Solimões fluye a 5 km/h y su temperatura es de 28º. La consecuencia de todo ello es que ambos ríos corren de lado durante más de 6 km sin mezclarse, lo que provoca que los peces se atonten y los delfines tengan un festín asegurado.
Y antes de acabar, un poco de etimología. El origen del nombre es, como sucede habitualmente, confuso. Una versión afirma que fue Francisco de Orellana quien después de enfrentar-se a una tribu en la que se defendían tanto hombres como mujeres bautizó con el nombre de Amazonas (mito griego de las guerreras) este río. A modo de anécdota, he leído también que no es que las mujeres de dicha tribu fueran tan feroces, sino que algunos de sus miembros eran hombres imberbes que parecían mujeres. La otra versión del origen del nombre de Amazonas es que una tribu, los mayaroara, le llamaban así (sonaba de esta manera a oídos de los españoles conquistadores), y así se quedó. Por cierto, según wikipedia en indígena Amazonas significaba “Rompedor de embarcaciones”. La verdad es que ambos orígenes me parecen inverosímiles, así que intentaré descubrir la versión verdadera ya sobre el terreno.
Después de mitificar el Amazonas dejarme que desmitifique un personaje histórico: el Che. Los que hayan visto Diarios de motocicleta recordarán que cruzó a nado el río para celebrar su cumpleaños con unos leprosos residentes en un hospital. Pues según he podido leer no cruzó a nado el Amazonas. Sí que lo hizo en cambio un esloveno, Martin Strel, que además se atrevió a nadar más de 5.000 km de este río guerrero.
A parte de Diarios de motocicleta, una buena película que permite descubrir lo que debe ser el Amazonas en su curso medio es “Aguirre o la cólera de Dios”, de Werner Herzog.
Pd. Algunos de estos datos los he extraído de un magnífico reportaje escrito por Josep María Bernadas para la revista Altaïr número 63 dedicada al Amazonas.
Fotos: wikipedia
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