24 octubre 2011

Salvador de Bahía, la ciudad del ritmo

Le tenía muchas ganas a Salvador de Bahía. De hecho, era la primera ciudad de Brasil que iba a visitar antes de que se apuntara Guillem al recorrido y tuviera que cambiar los planes y empezar por Manaos. A parte de Rio, creo que para el extranjero es una de las ciudades que mejor representa este multiétnico país. Salvador fue durante unos años la capital de Brasil, antes que Rio y Brasilia, concretamente hasta 1763, por lo que conserva un buen número de edificios señoriales. Pero lo que le da riqueza a la ciudad es su gente. Ésta fue la entrada de miles de esclavos provenientes de África que tenían por misión remplazar a una diezmada población indígena en los trabajos del campo, y por ello el continente negro está presente en esta ciudad como en ninguna otra, empezando por la gastronomía, continuando por la religión y acabando por la música. Salvador es una ciudad muy extensa, de cerca de cuatro millones de personas. Tiene barrios de bien y, evidentemente, favelas. Nosotros nos alojamos en el Pelourinho, que es un precioso casco antiguo formado a base de casas de colores vistosos. Este pequeño barrio fue declarado Patrimonio Cultural de la Unesco en 1985 y fue el lugar que eligió Michael Jackson para grabar el videoclip de la canción They don’t care about us.

Después de deambular un poco por las adoquinadas calles, elegimos el hostal Galería 13, uno de los mejores sitios en los que he estado de Brasil. Aunque la habitación compartida había diez camas y un solo baño, el hostal estaba francamente bien. Tenía una sala con sofás marroquíes para poder ver películas, una minúscula piscina y un desayuno muy completo hasta mediodía. Además, el personal resultó ser muy atento, sobre todo el dueño, Paul, un inglés que había vivido un par de años en Barcelona y Valencia.

El primer día lo dedicamos a meditar y descansar, ya que las 17 horas de viaje en el bus del infierno, de la compañía TransBrasil, nos había dejado exhaustos. Pero por la tarde salimos a comer y dar un paseo. Tomamos el clásico Prato Feito de 7 reales en un bar de currantes mientras por televisión un periodista entrevistaba a dos acusados de robo que iban esposados. El espacio se enmarcaba en un programa muy educativo que sólo mostraba asesinatos, robos y sucesos del estilo. Exceptuando los informativos, la televisión de este país da bastante pena. Por la noche nos metimos en un concierto de samba gratuito y alucinamos con el ritmo que tenían no sólo los músicos sino también el público. Llevo ya unas cuantas semanas en Brasil, pero aún hoy sonrío cuando veo a una mujer mayor calzando unas chanclas Havaianas y moviendo el cuerpo al compás de la música.

El segundo día nos dimos un buen tute. Por la mañana visitamos la basílica de Bonfim, donde los devotos llevan fotos de las partes del cuerpo que el santo ha curado o un certificado de que aprobaron un curso de idiomas o la carrera. Todas las réplicas o fotos las exponen en una habitación de lo más freak, digna de una película estilo Rec. Paseamos por una playa muy auténtica, en el barrio de Ribeira, y luego nos desplazamos a otra más fashion: la Barra. En ésta abundaban los surferos cachas y las mulatas de cuerpo de vértigo. Al volver al hostal nos emborrachamos como dos adolescentes durante la happy hour de caipirinhas (eran gratis) y salimos con otros huéspedes a un concierto de reagge. Acabamos en un local muy genuino llamado Galicia, al que volvimos al día siguiente. En el Galicia nos deleitamos viendo como las chicas culonas arrimaban el culo a los chicos, y lamentamos, una vez más, no tener el cuerpo ni ritmo de los brasileños que corrían por el bar. El Galicia, aún ser un auténtico antro, tiene músicos en directo, y debido a su reducido tamaño obliga a que la mayoría de los clientes se (nos) queden (quedemos) en la calle. Los otros días que estuvimos por la Salvador nos permitió conocer más a fondo la ciudad (visitamos, por ejemplo, la fantástica iglesia de San Francisco) y saborear algunos platos típicos como el acarajé. El acarajé es un buñuelo hecho con harina de alubias y frita en aceite de palma (dendê). Una vez cocinado lo abren y lo rellenan de una pasta llamada vatapà (pan, anacardos y dendeê). Suena muy sabroso y exótico, pero le doy sólo un aprobado, ya que aunque no está mal es un poco grasienta e insulso.

De Salvador me gustó el ritmo que gasta la ciudad (aunque es el peor lugar del mundo donde amanecer con resaca); los personajes curiosos que deambulan por Pelourinho (que me recuerdan los que habitan en las Ramblas de Barcelona); una decadencia bien llevada así como los kilómetros de playa que tiene. La parte negativa es que no pudimos pasear con tranquilidad ya que en todos los lugares la gente nos advertía “no te metas por esa calle que es peligrosa”, aún a plena luz del día. Ni nos atracaron ni robaron, pero cierto es que nos comentaron muchos casos de violencia callejera, lo que nos obligó a ir con lo mínimo en el bolsillo cuando salíamos de noche. Me hubiera encantado deambular por las calles de las barriadas menos turísticas, como suelo hacer en las ciudades que visito, pero la paranoia que tienen con los atracadores aquí se contagia con facilidad. Desgraciadamente, tampoco pude asistir a una rueda en condiciones de capoeria ni a una celebración de candomblé. Pero no me preocupa en exceso ya que sé que Salvador de Bahía es una ciudad a la que volveré.

Acabaré la entrada haciéndome eco de algunos artistas locales. Apenas he empezado a leer un libro de él, pero todo el mundo dice que Jorge Amado es el García Márquez de la literatura brasileña. Guillem me ha prometido dejar “Gabriela, clavo y canela” cuando lo termine. Y cuanto a la música, dos canciones de bahianos de renombre: Carlinhos Brown y Caetano Veloso. Dos estilos muy diferentes pero 100% brasileños, un claro ejemplo de lo variado y rico que es este país.

Ja séi namorar (Tribalistas)

Você è linda (C. Veloso)


Pd. Una de las películas que vimos este verano pasado con Papá, Patri y Aarón en el ciclo de cine latinoamericano es El milagro de Candeal, un trabajo de Fernando Trueba que transmite cómo viven la música los habitantes de Salvador de Bahía.


Lo mejor de Salvador de Bahía:

El ritmo que se respira en las calles
La cantidad de conciertos y espectáculos gratuitos que se organizan a diario
Gastronomía variada y con raíces africanas
Barrios como Ribeira, la Barra, el Carmo y sobre todo Pelourinho
Muchas visitas / pueblos interesantes a visitar que están muy cerca
Las vistas que tiene de la gigante Bahía de todos los Santos
El elevador Lacerda

Lo peor de Salvador de Bahía:

Sensación de inseguridad constante en algunos barrios
La suciedad y decadencia de zonas concretas
Puntos de interés muy distantes entre sí


Precios de Salvador de Bahía: (1€ = 2,4 Rs)

Hostal Galería 13: 27 Rs la noche
Bus urbano 3 Rs
Una sopa 2,5 Rs
Acarajé 5 Rs
Pincho de carne 2,5 Rs

1 comentario:

Sílvia dijo...

Només llegint la descripció que fas de Salvador he pogut sentir la música. I ara cap a on vas? Quan marxa el teu amic?
Nosaltres per aquí en plena rutina. L'Andrea d'"Erasmus" per Girona i nosaltres tres esperant l'hivern i el canvi d'hora a Barcelona. Quin ambient més diferent al teu!
Petons i cuida't.